martes, 11 de junio de 2013

PAZ A LA CASA

11 junio

¿Les ha pasado que al entrar por primera vez en una casa sienten que la negatividad les brinca encima? ¿Pecho apretado? ¿Un porrazo a la cara? ¿Han logrado sentir “la oscuridad”?

Yo sí. Me ocurrió por primera vez siendo adolescente, Juan Díaz adentro, donde fui a parar buscando novia. Cuando me paré en la puerta, sentí como si me hubiesen puesto una pesada ruana sobre los hombros, y un fogaje se clavó en mi rostro como máscara de hierro caliente. No podía moverme ni tragar ni respirar.

¿A qué viene este cuento? Hoy Jesús en el Evangelio (Mateo 10, 7-13) le dice a sus discípulos entre otras cosas: “Al entrar en una casa, saludad, si la casa se lo merece (Otra traducción dice “si la casa es digna”), la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no lo merece, la paz volverá a vosotros”.

Las casas absorben la luz de sus habitantes. También su oscuridad.

Algunos de nosotros hemos cometido la insensatez de “limpiar” nuestra casa de esas negatividades. Incienso, hierbas, “baños”, cristales…; como si sacar la oscuridad dependiera solamente de un tercero.

Unas amigas, huyendo de esas cosas esotéricas, me pidieron ayuda porque, decían, en su casa había “algo”. Fui con un amigo sacerdote quien, para mí sorpresa, se dedicó más a conversar con ellas que a otras cosas. Terminó administrando el sacramento de la reconciliación.

Cuándo le pregunté por qué no echó agua bendita por todas las esquinas y punto, me dijo: “Esas muchachas lo que están es lejos de Dios; mientras más se llenen de Dios, más y mejor alejarán el mal. No es la casa, es su corazón”. ¡Pum!

P.S. Llenemos de luz nuestras almas, que es donde habita el Huésped Divino. Limpiemos el corazón pulsando: http://youtu.be/kSVRhOWmgyM

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